Cómo superar la depresión
Depresión y sus síntomas
Gran parte de las personas que acuden a la consulta de los psicólogos refieren sentirse deprimidas o desanimadas, y presentan deterioro en cuando a su bienestar emocional. La depresión es el trastorno psicológico más frecuente, y el riesgo de sufrirla es aproximadamente el doble en mujeres que en hombres.
En primer lugar es importante que entendamos que la depresión es una enfermedad y que tiene solución. En algunos casos puede ser grave y requerir mucha paciencia, esfuerzo y medios adecuados, pero tiene solución. En otros simplemente encontraremos síntomas leves que pueden desaparecer muy rápidamente. Es importante naturalizarla, entender que puede ser una reacción normal a ciertos eventos vividos o circunstancias vitales; es fundamental evitar sentirnos culpables por encontrarnos en dicha situación, y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.
En este artículo vamos a ver qué es la depresión, cómo se suele manifestar y vamos a ver algunos apuntes sobre su tratamiento.

Qué es la depresión y cómo se manifiesta
Una definición breve de depresión puede ser la siguiente: es un trastorno del estado de ánimo caracterizado por tristeza persistente, pérdida de interés o placer y malestar emocional, que interfiere de forma significativa en la vida diaria, el funcionamiento personal y las relaciones.
Una depresión se puede manifestar a través de diferentes tipos de síntomas. Siempre hemos de tener en cuenta que pueden existir muchos grados y niveles en lo que supone “sentirse deprimido” es decir, no existe una única manera de sentirse deprimido, y que los síntomas pueden variar de unas personas a otras.
Vamos a ver agrupados en cinco categorías, los diferentes tipos de síntomas que podemos encontrar,:
– Síntomas emocionales:
La tristeza es el síntoma más característico de la depresión y está presente en casi todas las personas que refieren sentirse deprimidas. También podemos encontrar culpa, irritabilidad, pesimismo, sensación de vacío o nerviosismo, e incluso la negación de cualquier sentimiento o emoción. Conocer en profundidad cómo funcionan nuestras emociones y cuál es su papel en nuestra vida nos permite entender mejor estas reacciones y cómo afectan nuestro bienestar.
Otro síntoma característico es la reducción de las emociones positivas o anhedonia, es decir, una disminución de la capacidad de disfrutar de las actividades normales de la vida, así como la falta de ilusión.
– Síntomas motivacionales y de conducta: encontramos un estado general de inhibición, en el que pueden estar presentes tanto la apatía como la falta de motivación conectados a pensamientos negativos de desesperanza, falta de control o de no encontrar sentido a lo uno hace.
Diversas actividades cotidianas se pueden convertir en tareas casi imposibles o insalvables y puede aparecer un descuido del aspecto personal.
– Síntomas cognitivos: se produce una afectación del rendimiento cognitivo, resultando afectados procesos básicos como son la memoria, la atención y la concentración, con el consiguiente impacto en tareas cotidianas. También encontramos pensamientos rumiativos y negativos (automenosprecio, autoculpa, pérdida de autoestima, autocrítica, indecisión).
– Síntomas físicos: aquí podemos encontrar problemas de sueño (por defecto o por exceso), fatiga, pérdida de apetito, disminución del apetito sexual, aparición de molestias corporales difusas, agitación, enlentecimiento motor.
– Síntomas interpersonales: deterioro de las relaciones con los demás, disminución del interés por las demás personas.
Cómo superar la depresión
Como hemos visto, la depresión o la simple presencia de síntomas depresivos presenta una gran complejidad y diversidad, y puede aparecer de formas muy distintas en las personas debido a su historia vital, temperamento, circunstancias vitales y personales, etc.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es la terapia psicológica con mayor respaldo científico en el tratamiento de la depresión, aunque otras terapias como la activación conductual y enfoques de tercera generación también son efectivas, así como el uso de medicación en casos graves que deberá ser prescrita por un médico o psiquiatra. Veamos en rasgos generales, en qué consiste cada una de ellas:
Terapia Cognitivo-Conductual: se centra en enseñar a la persona a identificar y modificar pensamientos negativos, irracionales y distorsionados que son clave en la generación del malestar emocional, así como en cambiar conductas que mantienen y perpetúan el malestar.
En esta terapia se enseña a la persona a “pensar de una forma más correcta y racional”. Como hemos visto, los procesos cognitivos sufren un deterioro notable cuando aparecen síntomas de depresión, de forma que es fundamental centrarse en “cómo pensamos” con el fin de mejorar el estado emocional de la persona.
En especial, se trabaja:
La conexión entre el pensamiento y la emoción creando autoconciencia sobre nuestros procesos de pensamiento y cómo nuestro diálogo interno afecta a nuestro estado emocional.
Las creencias irracionales: son determinadas creencias o ideas rígidas y absolutistas que las personas tienen sobre sí mismas, sobre los demás y sobre el mundo, y que generan malestar emocional y conductas problemáticas. Una pista para identificarlas es que suelen formularse en términos de “tengo que…”, “debo de…” y suelen generar un grado considerable de culpabilidad.
Las distorsiones cognitivas: son errores sistemáticos que cometemos las personas en la forma de pensar provenientes de patrones cognitivos estables negativos a través de los que se interpreta la realidad, y que también generan una gran cantidad de malestar emocional y conductas problemáticas. Ej. tener un diálogo mental con frases como “todo siempre me sale mal a mi” en vez de “algunas veces, algunas cosas me salen mal, como a todas las personas”.
Activación conductual: tal como hemos visto al hablar de los síntomas motivacionales y de conducta, la persona puede haber perdido el interés y/o la capacidad de realizar tareas cotidianas, y también de actividades que le reportaban placer y bienestar. Este enfoque terapéutico pone el foco en la conducta de la persona; se va a intentar que la persona recupere gradualmente la capacidad de realizar tareas agradables y significativas que antes le reportaban placer y bienestar, empezando por aquellas que le supongan un esfuerzo menor.
Terapias de tercera generación: se centran en la relación que la persona establece con sus pensamientos y emociones más que en su contenido, promoviendo la aceptación, la atención plena y el compromiso con los valores personales de modo que se reduce la rumia mental (no poder parar de pensar), se previenen recaídas y mejora la regulación emocional, de modo que se favorece un bienestar psicológico más duradero.
Para finalizar, me gustaría señalar que estos enfoques terapéuticos deben ser complementados con un conocimiento profundo de las circunstancias e historia vital de la persona que nos ayude a contextualizar las causas o motivos que puedan haber llevado a la persona a este estado depresivo, así como conocer qué factores de su vida están actuando como mantenedores de esta situación.
La ayuda de un psicólogo es fundamental para superar con éxito la depresión. Buscar apoyo profesional no es un signo de debilidad, sino de compromiso con el cuidado personal. La terapia ofrece un espacio seguro y confidencial donde la persona puede llegar a comprender qué le ocurre, expresar sus emociones y aprender estrategias eficaces para afrontar su malestar. El psicólogo ayuda a identificar patrones de pensamiento y conducta que mantienen la depresión, y ofrece una guía en el proceso de recuperación, favoreciendo cambios que mejoren la calidad de vida de la persona.
Sergio Iranzo
Psicólogo General Sanitario – Colegiado CV15982
Terapia psicológica en Valencia
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