Qué son las emociones y para qué sirven

Conoce para qué sirven las emociones

Las emociones son una parte fundamental de nuestro acervo genético y una pieza clave en nuestra capacidad de supervivencia como individuos y como especie. Aún así, parece que no sabemos mucho de ellas; qué son, para qué sirven, qué tipo de información nos aportan… y que sólo somos conscientes de ellas cuando son desagradables e intensas.

La mayoría de las personas que acuden a la consulta de un psicólogo manifiestan de una forma más o menos explícita algún grado de malestar emocional, pero no suelen tener mucha conciencia de qué emociones están desempeñando un papel activo en dicho malestar, ni mucho menos de cómo aprovechar la información que estas emociones les aportan para analizar y mejorar su situación. De hecho, muchas personas (especialmente los hombres) tenemos tan poca conciencia emocional que confundimos las emociones con los pensamientos, y viceversa, de forma que muchas veces en consulta cuando preguntamos a la persona cómo se siente, te contesta lo que piensa, y otras veces al preguntarle lo que piensa te contesta lo que siente, como si se tratara de lo mismo.

Así las cosas, no es de extrañar que manejarnos por la vida sea a veces tan difícil; sería algo así como intentar navegar con una brújula que tiene el cristal roto y velado, o con la aplicación de Google Maps en un móvil con la pantalla rota y rayada, pero asumiendo que lo que vemos en la brújula o en la pantalla del móvil es la información completa o incluso ignorando dicha información por completo… pero aquí cabe plantearnos…¿hemos recibido algún tipo de educación emocional? la respuesta es: probablemente no.

Es muy complicado realizar un buen trabajo terapéutico y que la persona se beneficie de éste, si durante este proceso no se facilita el que la persona desarrolle una conciencia emocional adecuada, tanto de las emociones propias como de las de las otras personas de su entorno, de forma que dichas emociones se integren de una forma consciente en el proceso de recuperación del bienestar. Hemos de considerar nuestra parte emocional como un aliado para llegar a buen puerto y no como una especie de rémora o escollo que nos haga difícil la navegación.

En este artículo pretendo ofrecer una definición de qué son las emociones, ofrecer algunos apuntes básicos de por qué nos resultan tan útiles, y los motivos por los que es necesario su integración en el trabajo terapéutico.

Pero entonces... ¿qué son las emociones?

Vamos a empezar por intentar ofrecer una breve definición de las emociones, que nos ayude a entenderlas un poco mejor:

“Las emociones son reacciones o respuestas biológicas y psicológicas que surgen ante estímulos o pensamientos, y que nos ofrecen información sobre nuestra relación con algo o alguien, al mismo tiempo que nos ayudan a adaptarnos al entorno”

Como cualquier definición, ésta también es arbitraria y deja muchos elementos fuera, así que vamos a examinar diferentes características de las emociones para tener un mejor conocimiento de ellas (vaya, que te he dado una definición corta, pero ahora viene más rollo..):

Valor adaptativo: las emociones son atajos formados tras millones de años de evolución y supervivencia. Tienen un valor adaptativo; nos ayudan a actuar rápidamente con unos mínimos recursos cognitivos, es decir, actuar pensando lo mínimo.

Vamos a ilustrar esto con una pequeña viñeta: pensemos en un conejito que merodea cerca de su madriguera. De pronto, escucha un ruido o crujido e instantáneamente siente miedo y rápidamente corre a esconderse en su refugio. El pararse a analizar en ese preciso momento si ese sonido proviene de un depredador o de una rama que cae de un árbol es un lujo que no puede permitirse si no quiere acabar fácilmente siendo la merienda de un zorrito con hambre.

Componentes: Las emociones tienen estos cuatro componentes:

  • Fisiológico: producen una activación fisiológica y determinados cambios corporales.

  • Subjetivo: la emoción tiene un marcado componente personal.

  • Social y relacional: nos informa de cómo nos impacta lo que sucede en el mundo.

  • Motivacional: nos pone en situación de responder a lo que nos ha sucedido.

Dimensiones: las emociones se mueven en estas tres dimensiones; nos pueden mover a la acción o a la inacción, a acercarnos a algo o a alejarnos de ese algo, y pueden agradarnos o producirnos malestar.

  • Activación – Calma. Ej. el enfado nos activa y la tristeza nos lleva a la reflexión.

  • Acercamiento – Alejamiento. Ej. el cariño nos acerca y el asco nos aleja.

  • Agradable – Desagradable. Ej. la alegría es agradable mientras que la culpa es aversiva.

Cuántos tipos de emociones hay

La clasificación clásica de las emociones distingue entre emociones básicas y complejas. Veamos qué son cada una de ellas.

Las emociones básicas son innatas y las podemos encontrar ya en cualquier recién nacido. Son el asco, el miedo, la tristeza, la sorpresa, la alegría y la ira. Se caracterizan por ser rápidas, breves, fácilmente reconocibles y estar asociadas a expresiones faciales y a respuestas fisiológicas específicas.

Las emociones complejas o secundarias son todas aquellas que no son básicas (vaya!). Surgen a partir de los dos años aproximadamente y requieren un cierto grado de desarrollo cognitivo en el individuo para ser elaboradas. También se las conoce como emociones sociales ya que surgen en contextos de relación interpersonal, y están muy influenciadas por los aprendizajes y los procesos de socialización. Y hay muchísimas.

¿Entonces no podemos hacer nada con las emociones?

Al contrario, podemos hacer mucho. Hemos visto que las emociones forman parte del programa estandarizado con el que venimos al mundo, pero también que las emociones secundarias están muy influenciadas por aprendizajes.

Por ejemplo, nuestra relación con la comida está muy influenciada por la cultura en la que vivimos, de modo que ciertos alimentos (incluso aquello que se considera o no como alimento varía según culturas) van ser considerados tabú y van a provocar la emoción del asco dependiendo del marco cultural en el que hayamos crecido, como pueden ser el cerdo, la vaca, las tripas o vísceras de animales o determinados insectos; aquí la antropología tiene mucho que aportar. Y así con multitud de cosas más.

La principal función de las emociones es aportarnos información sobre nuestra relación con el medio y también con nosotros mismos. Si nos perdemos esta información o la ignoramos, o no sabemos bien qué hacer con ella, nos estamos perdiendo una gran herramienta para vivir más eficientemente y ayudarnos a conseguir o mantener un adecuado bienestar emocional.

En la terapia psicológica ayudamos a las personas a adquirir “conciencia emocional” es decir, conciencia sobre sus propias emociones (y sobre sus procesos emocionales) para de esta forma analizar de dónde vienen, qué procesos cognitivos, conductuales y/o emocionales (sí, también) están implicadas en su generación y mantenimiento, y qué información nos están dando, para de esta forma ejercer cierto control sobre nuestra vida y nuestras respuestas emocionales.

Realmente todo este proceso es más complejo que lo que se puede ver en un breve artículo, pero me gustaría transmitir la idea de que nuestras reacciones emocionales no son simplemente “algo que nos pasa y sobre lo que no podemos hacer nada”. Al contrario, disponemos de mucha capacidad de trabajo en este ámbito.

Nuestro “pensamiento” nos permite “pensar” sobre nuestras emociones. Es importante conocer y practicar la consciencia de nuestras emociones ya que es el primer paso para conocerlas y poder empezar a tener cierta capacidad de regulación sobre las mismas. Para ello es fundamental la atención ya que no es un proceso con el que estamos familiarizados, así como planificar y anticiparse a nuestras propias reacciones emocionales.

Si somos capaces de aprender a “insertar” el pensamiento en este proceso, vamos a poder modular en gran medida nuestras reacciones emocionales no deseadas o que nos causan malestar.

Si aprendiste a conducir y ya eres un conductor experto, sabes perfectamente de lo que hablo: un volante, un cambio de marchas, dos pies pero tres pedales, tres retrovisores, intermitentes a izquierda y derecha… aprender a manejarse con todo este aparataje requería mucha atención y práctica, mientras que una vez que has adquirido cierta experiencia puedes conducir empleando un mínimo de atención consciente. Y lo mismo se puede decir de multitud de habilidades que hemos aprendido, como por ejemplo llegar a usar Word o Excel de una forma ya casi automática, sin tener que estar “pensando” a cada momento donde están los menús o los iconos que necesitamos para realizar pequeñas acciones mientras usamos estas herramientas; el ratón ha ido tantas veces a esos iconos que parece que ya va solo.

Espero que este artículo te haya resultado útil e interesante. Las emociones forman parte de nuestra vida cotidiana y por eso resulta importante no solo comprenderlas, sino tambien desarrollar nuestra inteligencia emocional y aprender estrategias de regulación emocional que nos permitan manejarlas de una forma más saludable.

Recuerda que la terapia psicológica ofrece un espacio seguro en el que ayudarte a entender tus emociones y las de los demás, y conseguir un mayor grado de autoconocimiento y bienestar psicológico y emocional.

Sergio Iranzo

Psicólogo en Valencia

Colegiado CV15982

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