Ansiedad y Estrés
Ansiedad y Estrés.
Las palabras ansiedad y estrés forman ya parte de nuestro vocabulario cotidiano, aunque en muchas ocasiones las intercambiamos y utilizamos de forma errónea. En este artículo vamos a ver qué es cada una de ellas, cuáles son sus similitudes y diferencias, cuál es la relación entre ambas y apuntaremos algunas notas sobre su tratamiento.

Qué son la ansiedad y el estrés. Similitudes y diferencias
La ansiedad es un proceso emocional y adaptativo (por adaptativo queremos decir que tiene una función para la supervivencia de un organismo) caracterizado por una sensación de nerviosismo y temor en respuesta a un peligro percibido. Se trata de un complejo conjunto de respuestas que se dan ante un peligro y que pueden ser: temor, miedo, activación, tensión, agitación, angustia, etc. y que van a provocar una serie de sensaciones corporales (que son o pueden ser desagradables pero nos ayudan a sobrevivir en una situación de peligro) como por ejemplo: palpitaciones, tensión muscular, sensación de irrealidad, opresión en el pecho, boca seca, náuseas, mareo, dificultad para respirar, etc.
Esta respuesta de ansiedad suele ser de muy corta duración y es inofensiva, pero tiene la capacidad de aparecer en situaciones en las que no existe un peligro real para nuestra supervivencia, de modo que deja de ayudarnos y se convierte en un problema.
Es importante que sepamos que la respuesta de ansiedad puede ser causada tanto por estímulos externos (como por ejemplo hablar en público) como por estímulos internos que pueden ser imágenes, pensamientos, etc. (como por ejemplo pensar en hablar en público).
Así mismo, es importante diferenciar entre una respuesta de ansiedad normal y necesaria (no se puede vivir sin ansiedad, no es posible no sentirla ni esto puede ser un objetivo terapéutico) y una respuesta problemática o desadaptativa (donde la ansiedad se da más veces, con mayor intensidad y mayor duración).
Podemos hablar de problemas de ansiedad cuando una persona experimenta ansiedad intensa en situaciones en las que la mayoría de la gente no se sentiría ansiosa, o cuando la ansiedad es desproporcionadamente elevada en contextos donde lo habitual sería sentir solo un nivel moderado de ansiedad.
Por otro lado, el estrés es una respuesta adaptativa del organismo (nos sirve para sobrevivir) que puede ser física y mental, ante demandas internas o externas que se perciben como exigentes, amenazantes o desafiantes. Consiste en una movilización de medios fisiológicos y psicológicos para poder adaptarse a dichas demandas, es decir, requiere una activación física y mental.
Esta percepción de amenaza o desafío puede provenir de una exposición a muchas situaciones estresantes, de una falta de recursos para hacer frente a estas situaciones, o del agotamiento del propio organismo (por ejemplo por sobrecarga)
Un exceso prolongado y sostenido de estrés puede disminuir el rendimiento de las personas, así como afectar negativamente a su salud, pudiendo producir distintas alteraciones orgánicas como por ejemplo hipertensión, enfermedad coronaria, úlceras y molestias digestivas, cefaleas, etc. y también pueden resultar afectados procesos cerebrales relacionados con la memoria, la atención y el estado de ánimo.
Una vez hemos visto qué es cada una de ellas, vamos a exponer las principales similitudes y diferencias entre ellas.
Similitudes:
Son respuestas adaptativas del organismo y producen activación fisiológica.
Pueden generar síntomas físicos similares (ej. tensión muscular, taquicardia, respiración acelerada, etc).
Son problemáticas cuando alcanzan grados elevados de intensidad, frecuencia y duración, interfiriendo en el normal desarrollo de la vida de las personas.
Diferencias:
El estrés suele aparecer ante una situación externa concreta mientras que la ansiedad puede aparecer ante una amenaza real o anticipada.
El estrés está muy relacionado con la sobrecarga mientras que la ansiedad lo está con percepciones de peligro.
El estrés suele desaparecer cuando la situación que provoca dicho estrés se resuelve (está muy centrado en el presente), pero la ansiedad se puede mantener aunque dicha situación ya no esté presente (está muy centrado en el futuro).
Relación entre ansiedad y estrés
La relación entre ansiedad y estrés es estrecha y bastante compleja ya que aunque son dos conceptos distintos, comparten síntomas físicos y mecanismos fisiológicos, ademas de que muchas veces las personas podemos experimentar ambas a la vez. En líneas generales podemos afirmar que el estrés puede provocar ansiedad, pero no toda ansiedad proviene del estrés.
Una situación de estrés prolongado puede provocar que el sistema nervioso permanezca en un estado de alarma constante, de modo que si esta activación se cronifica el organismo se vuelve más sensible ante cualquier percepción de amenaza incrementándose la posibilidad de que aparezca una ansiedad problemática. Es otras palabras; el estrés crónico es un factor de riesgo para que las personas desarrollen trastornos de ansiedad, y es muy habitual que muchas personas que acuden a terapia psicológica por ansiedad hayan estado previamente expuestas a altos niveles de estrés. A su vez, la ansiedad prolongada tiene la capacidad de aumentar la respuesta de estrés, de forma que se pueden percibir determinadas demandas como más amenazantes de lo que realmente son.
Como vemos, estrés y ansiedad pueden retroalimentarse mutuamente creando un círculo vicioso. Por ejemplo, unos padres pueden vivir de una forma muy estresante el nacimiento de un hijo y pueden desarrollar pensamientos distorsionados y ansiedad sobre su capacidad para cuidar bien de su recién nacido, de forma que esta ansiedad puede aumentar aún más su respuesta de estrés, reforzándose ambas respuestas.
Cómo reducir la ansiedad y el estrés
Ser conscientes de las similitudes y diferencias entre la ansiedad y el estrés nos permite ser capaces de aplicar estrategias para manejarlos, y nos va a permitir establecer un enfoque integrado que atienda a sus respectivas particularidades.
Desde el punto de vista de la Terapia Cognitivo-Conductual, se considera que los pensamientos irracionales y las distorsiones cognitivas amplifican el estrés y la ansiedad, de modo que puede resultar imprescindible modificar estos esquemas disfuncionales de pensamiento.
También va a resultar importante para la reducción de ambas respuestas aprender a identificar los síntomas físicos que las acompañan, establecer y reforzar hábitos de autocuidado, realizar prácticas de atención plena o mindfulness, realizar ejercicios de respiración diafragmática, el entrenamiento en relajación muscular progresiva y establecer una adecuada higiene del sueño.
En el caso particular del estrés, es aconsejable aprender a gestionar el tiempo y priorizar tareas de una forma más eficiente, realizar entrenamiento en solución de problemas y en asertividad, y aprender a establecer límites saludables. Y por supuesto realizar un análisis del contexto vital de la persona, aplicando modificaciones en el caso de que sean aconsejables (y posibles).
Respecto de la ansiedad, debemos realizar un análisis exhaustivo de qué factores están desempeñando un papel importante en su inicio, desarrollo y mantenimiento, y va a ser clave aplicar estrategias para superar la ansiedad, incluyendo la exposición gradual a los elementos o contextos que la provocan.
El estrés y la ansiedad son dos respuestas normales ante determinadas situaciones de la vida. Aprender a reconocer sus señales y comprender su funcionamiento nos permite intervenir antes de que se conviertan en un problema mayor. Si sientes que el estrés o la ansiedad están afectando a tu bienestar, pedir ayuda no es un signo de debilidad sino de compromiso con tu autocuidado.
Sergio Iranzo
Psicólogo General Sanitario – Colegiado CV15982
Terapia psicológica en Valencia
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